El fin de semana tomé un tiempo para alejarme de la tecnología, del monóxido de carbono detestable de la Atenas sudamericana y del tulmulto de gente que pulula en las aceras. ¡Es tan gratificante poder respirar un poco de aire fresco!. Lo mas bello que pude hacer fue acompañarme por mí misma. De eso estoy segura.
Mientras caminaba por un sendero empedrado y resbaloso que conducía a una quebrada de aguas cristalinas y purificantes, reflexionaba acerca de la verdadera libertad. La verdadera libertad se llama paz interior y fue el tipo de paz que experimenté alejada de todo y de todos.
Es doloroso ver como los años no perdonan y la vida se me extingue tan rápido. A veces vivo sin vivir y eso me motiva a preguntarme: ¿Porqué demonios me privo de accionar de tal manera por temor a las represiones sociales?. Sé que si en el mañana sigo en este mundo, lamentaré no haber hecho cualquier acción que anhelé el dìa de hoy.
Lo cierto es que entendí una vez más que en ciertos casos (la mayoría), la sociedad es deprimente, asfixiante y enfermiza. A veces me hastío de ella y de su hipocresía tácita, que me gustaría tener un buen mazo a la mano para aplastar -literalmente- unas cuantas cabezas. Talvez esos deseos un tanto sociópatas se produzcan por el subyugo al que me siento sometida por parte de la sociedad y cumplir a cabalidad con esos designios del corazón me daría un tanto de satisfacción.
Mientras sentada en una roca mediana mojaba mis pies en ese hermoso y tintinante arroyo de aguas frías, recordaba el hecho de prescindir de mis Otros en ese lugar, me sentía desnuda y ese es un estado hermoso. La desnudez lejos de avergonzar debería ser un estado de sinceridad consigo mismo. Las personas despojadas de sus Otros, deben de ser bellas. Yo amaría esas almas con devoción, me entregaría a esas vidas sin reservas. Por desgracia no puedo estar en un ámbito social sin la investidura de mis Otros e infortunadamente todos y todas tampoco pueden hacerlo.
Definitivamernte prefiero ser la sociópata.
Todos necesitamos de un respiro de vez en cuando, la pena es que no sea al revés, esto es, que no vivamos en ese estado de embriaguez armónico, y de vez en cuando nos demos unos minutos para imbuírnos de los desencantos sociales.
ResponderEliminarYa tienes un seguidor más ;)
Pues yo lo hago al reves, como dice Insociable. Ausencia totalitaria y perpetua, con dosis de realidad urbana. Tampoco lo recomendaría, el equlibrio es el fin, pero bueno, paz interior... Eso si que vale la pena alcanzar. Un buen texto Adri.
ResponderEliminarLo triste del asunto, es que los social se te mete en la cabeza, por debajo de la piel, como el microchip ese, que le ponen a los perros.
ResponderEliminarSi supieses la cantidad de veces que he pensado, "No te prives de hacer esto o aquello, no recordaras estos condicionamientos sociales al fin de tus dias".
Pero la verdad es como un precipicio. Lo que realmente uno quiere a veces da tanto miedo, que necesitamos evadirnos en el marco de los social.
Una entrada fantástica. Tu prosa tiene la misma calidad que tu poesía. ¡Mucha!
Un besazo Adri
Estámos tan metidos en la rutina, tan mecanizados en este mundo que parece que nuestra mente tenga que ir un paso detrás de otro y creo que no es así. Siempre he creído que la mente va a 300 pasos por hora y la sociedad la va relentizando para que no piense de mas.
ResponderEliminarParar y tomarte tu tiempo es darle tiempo a tu mente ^^
Besos
Desaparecer uno mismo o aniquilar... no hay termino medio, porque vivimos sumergidos en sociedades que no nos dejan respirar. Es como ser delfín... que vive en un medio del que tiene que salir de vez en cuando para respirar.
ResponderEliminar¿Lo curioso? Que todos somos así, que queremos "ser" de una vez por todas y no seguir "pareciendo" y, sin embargo, nadie "es".
- Insociable social: Esos respiros son tan efímeros... Bienvenido, esta es tu casa. Un saludo.
ResponderEliminar- DDmx: La libertad es la precursora de la paz interior. Me refiero a la verdadera libertad. Gracias por comentar.
- María: Gracias a tí por leerme y por tus comentarios, un besazo de vuelta para tí.
- Baldufeta: Eso me recuerda a la película "click" de Adam Sandler. Es cierto, hasta nuestros sentidos se mueven a mil por hora. Gracias por tu comentario.
- Sahndrah: Los Otros no nos dejan ser quienes realmente deberíamos ser. Eso es tan aplastante. Bienvenida a tu casa y gracias por tu comentario.
Bienvenido/a Jackie ;)
ResponderEliminarMe alegra que hayas logrado un poco de respiro, pero, por lo normal, es muy difícil despojarse de los Otros que cada uno tenemos.
ResponderEliminarUn abrazo,
Andri
- Andri: Y que lo digas.Es una imposibilidad desesperante. Bienvenida,Gracias por tu comentario y por leerme. Un abrazo
ResponderEliminarLo cierto es que la ciudad es un poco eso, un enrredo de estres que no nos permite a veces ser nosotros mismos. Tú meditación es excelente, gracias a ella uno se da cuenta de lo que le sucede, se siente, y sabe donde está su paz. Y pedir que te muestren donde te gusta estar, y qué quieres hacer y las puertas se abren de par en par, y tener la certeza de corazón de que todo saldrá bien.
ResponderEliminarA mi tampoco me gusta la ciudad, jeje :)
Noelia: Y a veces más desesperante que la ciudad, los ciudadanos mismos. (Aunque suena algo misántropo). Muchas gracias por comentar. Un abrazo.
ResponderEliminarEs asfixiante la ciudad y sus ritos, yo también necesito salir de ella y remojarme los pies para que éstos no se olviden de caminar. pero en general, aunque esté en la ciudad, consigo evadirme de ella y que se converta en un murmullo lejano, un poco molesto, pero sólo un murmullo. Lo malo es que, a poco que me descuide, me sorprenden sus ruidos y me pongo de los nervios.
ResponderEliminarUn abrazo Adri :)
Acapu: Tienes que darme la fòrmula para escapar de la ciudad en la ciudad, por màs que lo he intentado, mis sentidos siguen ceñidos al asfalto. Unn abrazo.
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